Reminiscencias de un RioCariloco Arrinconado por el Coronavirus

        Escudriñando el baúl de los recuerdos en tiempos del Coronavirus                       Ante el acecho del implacable coronavirus y a...

A Galileo lo metieron tras las rejas por porfiao y testarudo


Digan lo que digan, de que se mueve se mueve

 

      Galileo Galilei nació en Pisa, Italia, en 1564 y murió en 1642, el mismo año en que naciera Isaac Newton. Esta coincidencia es bien curiosa y de muy buenos augurios porque fue precisamente el inglés Newton quien se inspirara en muchos de los descubrimientos que hizo el sabio Galileo para formular las famosas leyes que rigen el movimiento de los cuerpos.

 

      La ciencia moderna comienza con Galileo y esto se le reconoce por dos significativas aportaciones al desarrollo científico. 1) El uso de la matemática como lenguaje formal de la física, y 2) El habernos dejado una metodología sistemática y rigurosa, que exige que toda teoría que alguien proponga, debe ser verificada y respaldada mediante la experimentación, «Método Científico». Rompía así con la tradición que había en esa época de aceptar como verdades cualquier idea que viniera de las personas, tan solo por la autoridad que les diera el hecho de que estas fueran muy famosas.


 
Galileo muy enfadado sacándole la lengua a los verdugos con sotana, el día en que se lo llevaron a empujones desde su casa y lo pusieron tras las rejas por afirmar con vehemencia que la Tierra sí se movía.

 

        

       Galileo fue condenado de por vida por haber afirmado con mucha insistencia que la Tierra no tenía ese privilegio que decían de estar fija en todo el medio del universo, sino que mas bien se movía alrededor del Sol. Muy tardíamente, en octubre de 1992, a 360 años después de su muerte, estando allá arriba en el cielo le avisaron por e-mail lo siguiente: 

«Al revisar de nuevo su prontuario en los archivos de la Santa inquisición, nos dimos cuenta que habíamos metido la pata en el año 1633 y pusimos la cagada cuando lo mandamos tras las rejas por llevarnos la contraria»

«Así que, de ahora en adelante Ud. queda exonerado y rehabilitado para ejercer de nuevo su profesión y todos nos olvidamos de ese asunto, como si no hubiera pasado nada». 

 

      Nosotros nos imaginamos la cara de sorpresa que pondría el viejito Galileo allá en el cielo al recibir ese inesperado indulto y perdón; a lo mejor su reacción fue de largar unas sonoras carcajadas y luego echarles sapos y culebras, quizás diría algo muy parecido a ésto:

 

«Che palle, quella gente è davvero ingenua, e meno male che qui in cielo non hanno permesso ai farabutti che comandavano lì in quel momento, e mi hanno buttato fuori. Perché quando gli svergognati hanno cercato di arrivare con la faccia ben lavata, San Pietri li ha mandati vaffanculo per essere stati così stronzi con me».

 

«Traduzione»

 

«Qué bolas tiene esa gente que es bien ingenua, y menos mal que acá en el cielo no dejaron entrar a los sinvergüenzas aquellos que allí mandaban en esa época y me echaron esa tronco de vaina. Porque cuando los descarados pretendieron llegar con sus caras bien lavadas, San Pedro los mandó pal' carajo  por haber sido tan coños de madre conmigo».



¿Por qué un martillo cae mucho mas rápido que una pluma?

 

Esta pregunta que parece ser una pendejada, fue uno de los muchos rompecabezas que resolvió Galileo. Cuando se la formulamos a un niño, es seguro que él nos dirá: ¡Claro que tiene que ser así porque el martillo es mas pesado! Su respuesta es muy lógica si nos dejamos guiar por el sentido común, que es el mas común de los sentidos. Probablemente, lo mismo nos dirá un adulto, quien a lo mejor respaldado por la teoría, replicará: ¿En que quedamos?, si a mi me enseñaron que la fuerza de gravedad es proporcional a la masa y por lo tanto, un cuerpo es de mayor peso porque se siente atraído más fuertemente por la Tierra que uno ligero. 

 

Esta explicación aunque está mas pelada que rodilla de chivo, no deja de ser bien lógica, y es lo que la gente siempre había creído desde miles de años atrás, al ser respaldada por la autoridad del famosísimo Aristóteles, un filósofo muy respetado y endiosado, a quien nunca se atrevieron a llevarle la contraria.

  

Galileo fue el primero en darse cuenta de esa gran equivocación y se atrevió a refutarle esas ideas porque estaba muy convencido de que cuando vemos que unos cuerpos caen mas rápido que otros, eso no tiene nada que ver con el peso de los mismos. Él se dió cuenta donde estaba el pelón y aseguró que la razón de que esto sucediera, es un efecto de la fuerza de rozamiento con el aire, que al caer los frena de distinta manera, por tener diferentes formas y tamaños. 

 

En  la historia de la fisica es bien conocida la anécdota de Galileo montado en lo alto de la Torre de Pisa para dejar caer pelotas a la vista de un público desconcertado e incrédulo, donde muchos pensarían que el viejo estaba medio tostado. Se cuenta que él quería convencer a todos de su teoría, con solo dejar caer dos pelotas de distintos materiales, una bien liviana junto a otra muy pesada; pero las dos tenían que ser del mismo tamaño para lograr que el aire les hiciera el mismo efecto de frenado a las dos, así caerían casi parejas e impactaran al suelo al mismo tiempo.



Galileo dejando caer dos pelotas con pesos distintos, pero al ser de igual tamaño el roce del aire debía afectarlas por igual y llegarían al suelo simultáneamente. 
 
       
           En realidad, no se sabe si fue cierto que Galileo llegó a realizar este legendario experimento. Lo que si quedó documentado fueron sus experimentos donde hizo mediciones de los tiempos de caída
usando péndulos, al dejar soltar unas pelotas que deslizaban por planos cada vez más inclinados. Gracias a esos estudios fue que dedujo la fórmula que conocemos de la caída libre de los cuerpos. 
 
 
 
        Por cierto que, haciendo esos experimentos Galileo también se dió cuenta del vínculo indisoluble que existe entre la Matemática y la Física y que las fórmulas matemáticas proporcionan una herramienta muy valiosa que tiene la física para describir la realidad y hacer predicciones sobre el comportamiento de la naturaleza.
 
 

Galileo llegó a la conclusión de que, si bien es cierto que mientras mas pesado sea un cuerpo, atraído con una mayor fuerza por la tierra, también es verdad que el cuerpo opondrá mas resistencia debido a su mayor inercia o flojera de moverse. Así que si no fuera porque existe el rozamiento, todos los cuerpos deberían caer con la misma aceleración, independientemente de su masa. Usando ese razonamiento sacó sus conclusiones y tuvo la osadía de predecir que:

 

«En un espacio vacío, un cuerpo ligero y otro pesado al soltarlos desde igual altura deben caer con igual aceleración y por lo tanto, tienen que llegar al suelo simultáneamente»

 

Para poder demostrar con evidencias esa idea, tan atrevida y difícil de creer, de que efectivamente los cuerpos deben tardar lo mismo en caer sin importar lo pesado que sean, tendríamos que hacer el experimento sin la presencia del aire. Desafortunadamente Galileo murió sin poder verificar su teoría porque fue mucho después que se inventó la bomba de vacío para extraer el aire.

 

Para darle la razón a Galileo, la NASA mandó para la Luna un martillo y una pluma

 

 

El 2 de agosto de 1971, el astronauta Scott, del Apollo 15, dejó caer en la Luna un martillo y una pluma desde igual altura, llegando al suelo lunar al mismo tiempo.  

 

        Con sorpresa todos pudimos ver por la TV ese histórico momento cuando los dos objetos tocaron suelo lunar al mismo tiempo, al no existir allí atmósfera de aire que frenara la caída. Se aprovechaba también el hecho de que allí todos los cuerpos caen mas despacito por ser ser la aceleración de gravedad apenas un sexto de su valor aquí en la Tierra. Por esa razón es que al astronauta lo veíamos también pegando unos saltos bien altos de la alegría

 

Video de la NASA: Martillo y pluma cayendo al mismo tiempo en la Luna

  https://youtu.be/BNEI9wop1KM

 

Dejando caer un libro y un papel, también le damos la razón a Galileo

 

       En nuestras clases de Física, los alumnos quedan bien convencidos y le dan la razón a Galileo, sin complicarse tanto la vida con experimentos muy sofisticados. Ellos comprueban el razonamiento de Galileo cuando hacen un experimento bien sencillo, y muy conocido que consiste en dejar caer desde la misma altura un libro junto a una hoja de papel. 

 

        Se observa que cuando dejamos caer el papel y el libro por separado, el mayor rozamiento hace que el aire bambolee al papel como sucede con los paracaidas, quedándose atrás en el camino y permitiendo que el libro lo adelante y llegue primero al suelo. 

 

Demostraciones de Física 1 en la Universidad Simón Bolívar - año 2000

 

     Allí vimos que la situación es diferente cuando antes de soltar el papel, previamente lo arrugamos y le damos la forma de una bola, porque esta vez el aire lo afecta mucho menos y así conseguimos que caiga mas de prisa, llegando los dos cuerpos casi parejos al suelo.

 

       Quizás mas contundente es este otro experimento que también hacemos, y antes de soltarlos colocamos el papel encima del libro; así el papel no se ve afectado por el roce con el aire porque el libro le va apartando el aire de su camino, y por eso es que los dos bajan juntos hasta ir a parar al suelo.

 

 

En conclusión: Galileo tenía la razón y si alguien todavía no queda convencido y lo pone en duda, entonces mejor que se vaya pa' la..... Luna!

 




Estas son dos fotos del año 2009 de recuerdo de una visita que hicimos Maite y yo, a la ciudad de Pisa, la tierra donde vino al mundo Galileo Galilei. Allí se armó una discusión, cuando señalábamos los lugares en la Torre inclinada desde donde posiblemente Galileo dejaba caer sus pelotas ante la presencia del incrédulo público.








 

 

 

Detector de Mentiras y Embusteros Caraduras

By Douglas Figueroa     

 

       Los Detectores de Mentira o Polígrafos son muy conocidos porque se utilizan para ayudar a resolver casos policiales sobre delitos cometidos, como los que se muestran en la TV. Se basan en hacerle preguntas a una persona para sacarle información pertinente que se niega a revelar. La idea es buscar estimularle diversas áreas del cerebro con el propósito de  producirle alguna alteración en sus funciones fisiológicas: como ritmo cardíaco, respiración, sudoración, etc… Luego unos sensores recogen esa información, y al procesarla permite constatar la veracidad de cada respuesta.

 

 El escaneo de este polígrafo lo que hace es jurungar el cerebro de la persona con preguntas bien picantes para que termine soltando la lengua y diga la verdad.

        

Tenemos un detector que es de mentira para las clases de Física

 

        Una vez se nos ocurrió la idea de un rupestre detector de mentiras de forma muy sencilla, utilizando sólo un «ohmmímetro» para medir la resistencia eléctrica que hay entre las dos manos de la persona. La conducción eléctrica a través del cuerpo humano depende del camino que sigan las cargas iónicas que tiene regadas por todos sus fluidos corporales, músculos, fibras nerviosas, etc…. Este es un proceso que sin duda está influenciado por el estado emocional, según la persona se encuentre alegre, enfadada o angustiada.

 

        La técnica de detección que utilizamos se basa en que la mayor contribución a la resistencia eléctrica medida proviene del contacto eléctrico entre el electrodo metálico y sus manos. Este valor es usualmente alto cuando la piel la tiene muy reseca pero luego la resistencia disminuye notablemente a medida que mejora el contacto porque las manos se humedecen ante la aparición del «sudor», que es, básicamente, agua en un 95% con pequeñas cantidades de sales minerales disueltas.

 


 Este detector está muy actualizado y no se le escapa ningún tipo de las chuletas que acostumbran los alumnos.  Es capaz de cachar desde las tradicionales escritas sobre la piel hasta la que ahora está de moda escrita sobre la misma mascarilla.
 

         Nuestro detector lo hemos hecho a propósito que sea tramposo para que todos los alumnos salgan raspados en la prueba y después se queden sorprendidos por el resultado, a pesar de no haber mentido. Al comienzo ellos se sentirán frustrados pero luego se darán cuenta que todo esto es una farsa montada para divertirnos en la clase. Lo que a fin de cuentas nos interesa es llamar la atención sobre un fenómeno físico muy interesante y que quizás mucha gente puede que ignore: «El agua corriente, por tener sales minerales con cargas iónicas móviles como sucede con el sudor, es un excelente conductor de la electricidad».

    

 

Con este detector hacemos una trampa muy bonita para que todo alumno salga bien raspado en esta pruebita. La resistencia eléctrica de esta alumna arrojó un valor inicial de 52.8 kiloohmios, pero después que ella respondió, la lectura cayó drásticamente a 28.08 kiloohmios. ¿Pero si ella no mintió, qué fue lo que sucedió?
 
 
     Esta alumna voluntaria se ha quedado boquiabierta por tan inesperado resultado; es que ella dijo la verdad y se sintió decepcionada de ese odioso aparato que creía era confiable, serio y maravilloso, pero la dejó como una mentirosa ante sus compañeros. Al repetir la prueba con otros alumnos voluntarios y viendo que arrojaba otra vez el mismo resultado, todos en la clase empiezan a sospechar que están ante un detector que no es muy serio sino mas bien es de pura jodedera.

 
«Luego descubren que se trata de una triquiñuela que les hacemos para jugarles una broma, porque sin que se dieran cuenta y antes de responder la pregunta, le pasamos un trapo mojado a cada electrodo. El agua es lo que mejora el contacto eléctrico y simula que todo es culpa de su sudor, que supuestamente brota por el nerviosismo y el estrés»
 
 

Aparatos no hacen falta para embusteros caradura

 

Las mentiras son costumbres que se tienen desde que somos niños y aumentan a medida que vamos perdiendo la inocencia. Unos embustes puede que se digan con sutileza y elegancia con el fin de convencer para conseguir algo o bien como excusa por alguna falta cometida. Pero hay otros embustes que pueden ser muy evidentes por grotescos que se dicen con descaro y desparpajo. Cada quien inventa sus coba para salir del paso y tratar de justificar lo que haya hecho sin tener que entrar en explicaciones. Estos serán aceptables como mentiras piadosas siempre y cuando sean pasajeras y no vayan a perjudicar a nadie.

 

 Hay embusteros que lo hacen a diario por ser incontrolable sus deseos de mentir; y quizás en la política es el ámbito donde mas se ven mas «mentirosos compulsivos a montones». Ellos son muy habilidosos ofreciendo villas y castillos para arrancarle el voto a los «inocentes electores», pero luego con esas promesas fantasiosas se van a hacer los locos una vez que «agarran el coroto»

 

 Los políticos son unos artistas muy habilidosos por estar dotados de sus elocuentes «picos de oro»  para lograr engatuzar a los incautos, a punta de «cobas,  promesas y cuentos chinos». Pero el castigo para un cobero caradura es que tarde o temprano le llega la hora de pagar por ser tan «Mojonero y Chanchullero», como lo reza este refrán.

 


        En el ámbito de la política hay mentiras famosas en la historia reciente, que al descubrirse tuvieron consecuencias bochornosas. En 1974, Richard Nixon tuvo que renunciar por embustero a la presidencia de los Estados Unidos, al haber mentido con vehemencia en el caso del espionaje político Watergate.  Años después, en 1998, cuando Bill Clinton, al ser interrogado en el Congreso notó que su nariz se le iba poniendo cada vez mas grande y colorá, se  dejó de pendejadas y tuvo que admitir su fogoso jujú y amorío con Mónica, su asistente. Él pudo salvar su pellejo porque a fin de cuentas ese romántico desliz fue una pequeña debilidad que tuvo en sus ratos difíciles, cuando necesitaba desestresarse y todo había sido para el bien de la nación.  

 

Moraleja